12.10.12

Banco Popular: enseñanzas de la crisis

Se acaban de publicar los resultados de la auditoría a buena parte del sistema financiero español realizada por la consultora Oliver Wyman. En el informe se detallan las necesidades de capital que tendrían las diversas entidades analizadas en caso de un empeoramiento significativo de las condiciones económicas, los llamados test de estrés.

Junto a los sospechosos habituales (Bankia, NCG, Caixa Cataluña, y Banco de Valencia) destaca, por la magnitud de la cantidad requerida, el Banco Popular.

No deja de resultar extraño que la otrora entidad más rentable de Europa, la más eficiente, y en muchas listas, la más segura, haya pasado en unos pocos años a encontrarse al borde del abismo.

Un banco donde la prudencia y casi la cicatería a la hora de conceder créditos eran de sobra conocidas por clientes y accionistas, ha visto cómo en unos pocos años el valor de sus acciones bajaba el 90% y sus tasas de mora se sitúan entre las más altas del sector.

¿Un claro error estratégico? Por supuesto. ¿Evitable? Difícilmente.

El caso del Popular se asemeja a lo que ha podido suceder a cualquiera de nosotros. Cuando la presión de los demás se hace cada vez más fuerte, quién no ha envidiado al vecino con coche nuevo cada dos años o a ese conocido que se compró un chalet espectacular con aparentemente ingresos similares a los propios, es difícil resistir la tentación. La persona prudente aguanta y aguanta, pero algunos al final ceden y se lanzan a comprar o endeudarse justo en el peor momento. Viene la crisis y se encuentran literalmente con la soga de las deudas en el cuello, por hacer algo que nunca quisieron y por comprar algo que nunca necesitaron.

En términos bancarios, si la competencia tasa las casas más alto que tú, si te roba clientes porque les dan todo el crédito que piden, si cada trimestre los beneficios de los demás crecen más que los tuyos, al final casi te obligan a entrar en el "juego" si quieres sobrevivir. Y en ese juego el último es el que se lleva las peores cartas, las que nadie quiere, las que luego se han convertido en impagados, embargos, quiebras, y demás.

Ahora solo queda intentar sobrevivir, realizar una enorme ampliación que diluirá a los accionistas tradicionales, y si se cubre con éxito intentar seguir en solitario y no pasar a formar parte de la lista de entidades que de una forma u otra han desaparecido durante esta crisis. Sería un triste final para quien fue "el banco más eficiente y seguro de Europa", el si es justo o no lo dejamos en el aire. Lo único cierto es que miles de accionistas que confiaban en la entidad y en sus gestores lo han perdido casi todo, y en este caso los buenos tiempos no volverán, aquellos más de 10 euros por acción quedan para la hemeroteca, una vez realizada la ampliación y dado el ingente número de acciones emitidas en los últimos meses, pensar en que algún día recuperará esos niveles es una mera ilusión.


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