21.1.13

El oro, una fascinación que permanece en el tiempo: la joya (II)

Hace unos días un diario digital se hacía eco de la entrega por parte de Iberdrola a los integrantes de la selección española de fútbol de un reloj como recompensa a su pasado triunfo en la Eurocopa. Según esas fuentes, Sergio Ramos habría insinuado muy sutilmente al presidente de Iberdrola que a él le gustaban los relojes amarillos, y no precisamente por estar hechos en China ni por estar pintados de ese color.
Y dicho y hecho, ya deben lucir sus relucientes y dorados "pelucos", mientras que el presidente de Iberdrola debe pensar que la próxima vez se muerde la lengua antes de prometer un reloj de regalo.

Como vemos el atractivo de las joyas de oro sigue vigente, y no cabe duda que regalar una joya de oro suele ser seguro de éxito. Hace unos años, un conocido analista bursátil se enfrentó a la pregunta de cómo invertir en oro. Con toda tranquilidad contestó que la mejor inversión en oro era comprarle una joya a la pareja,  ya que los rendimientos obtenidos serían mucho mayores que los de cualquier inversión alternativa. Cada vez que le veo me acuerdo de este comentario y me pregunto cómo le habrá ido al telespectador. Sólo espero que la relación siguiera adelante porque cuando hay oro de por medio se aplica a rajatabla el dicho de "Santa Rita, lo que se da no se quita".

Lamentablemente la crisis económica está obligando a muchas personas a deshacerse de sus joyas, y sólo tenemos que comprobar cómo han proliferado las tiendas de "Compro Oro", en un proceso similar al de las inmobiliarias en los tiempos de la burbuja. Cuando veamos que empiezan a desaparecer será síntoma de que la crisis remite.
Por el momento vamos a peor ya que, al menos en Bilbao,  están ampliando el negocio hacia la plata, señal de que queda poco oro por vender y ya se echa mano hasta de la cubertería y los candelabros de la abuela, un dramático signo de los tiempos actuales.

Y si la cosa sigue igual de fea, siempre nos quedará la bisutería, no es lo mismo pero por lo menos brilla, y el detalle es lo que cuenta, ¿o no?.

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