8.9.15

Los mercados por el retrovisor: agosto 2015

flagelantes
Penitenziagite! En ocasiones, en los mercados financieros, como en la vida misma, los acontecimientos parecen empeñarse en ponerte las cosas difíciles, golpeando con una persistencia e intensidad inusitadas.
Este verano está siendo uno de esos inolvidables periodos, empezando por Grecia, pasando a China, para en un requiebro diabólico, acabar de nuevo en el laberinto griego.

A principios de mes, la inestabilidad volvía a los mercados financieros de la mano de las noticias provenientes de la economía china. Si bien desde hacía meses los datos macroeconómicos apuntaban hacia una ralentización en el crecimiento de la economía china, los últimos indicadores confirmaban los peores presagios, al entrar algunos de ellos en lecturas más propias de periodos recesionistas.

La consecuencia inicial fue un rápido descenso de la bolsa china, tras meses de alzas ininterrumpidas, generando cierta desconfianza entre los inversores.  Más impacto ha tenido la posterior devaluación del yuan, interpretado por todos como un signo de debilidad económica que busca reactivar las exportaciones ganando competitividad en el tipo de cambio.

La posibilidad de una espiral de movimientos similares en otros países de Asia para proteger sus balanzas comerciales, ha repercutido muy negativamente en los mercados.

Por otra parte, la constatación del enfriamiento económico que subyace tras la últimas medidas, ha impulsado más aún a la baja  los ya de por sí deprimidos precios de las materias primas. Esto ha supuesto que de nuevo sean los sectores ligados a estos activos (petroleras, mineras, siderúrgicas…) las que más hayan visto caer sus cotizaciones, llegando en muchos casos a marcar mínimos de los últimos años.

Por si fuera poco, en un nuevo y esperpéntico movimiento, Tsipras anunciaba su dimisión y la convocatoria de nuevas elecciones en Grecia, ante las discrepancias surgidas en el seno de Syriza a raíz de la aceptación del tercer rescate. De nuevo, vuelta a las caídas, en medio de una sensación de auténtico pánico vendedor, tal y como vivimos el pasado 24 de Agosto.

Divisas emergentes, materias primas, y bolsas se han llevado la peor parte, si bien los retrocesos se han extendido a todo tipo de activos, incluyendo el dólar.

Con este panorama, la respuesta de los inversores, entre los que me incluyo,  fluctúa entre la tragicómica resignación del refranero popular  éramos  pocos y parió la abuela, el castizo manda güevos estilo Federico Trillo, el desolado ¿Por qué? ¿Por qué? a lo  Mourinho,  o el  sonoro exabrupto emulando a Piqué en la final de la Supercopa frente al Athletic. Incluso,  más de uno, tras agotar las opciones anteriores, está ya pensando en claudicar y  exclamar el Penitenziagite de Salvatore, el fraile dulcinista de la famosa novela de Umberto Eco ambientada en la Europa del siglo XIV, El nombre de la rosa, aceptando resignado  poco menos que el fin definitivo de las ganancias en los mercados financieros.

Más allá de la anécdota, conviene recordar que ni la euforia ni el miedo son buenos consejeros a la hora de tomas decisiones, por mucho que sus voceros nos animen a ello. Una correcta distribución de los diferentes activos dentro de la cartera, respetando nuestro perfil de riesgo, es vital a la hora de afrontar y superar periodos de acusada volatilidad como el actual.

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