3.3.16

Los mercados por el retrovisor: febrero 2016

tablero electrónico de la Bolsa de Tokio visto por un retrovisor

¿Sueñan los bajistas con ovejas negras?


Mucho se ha hablado este mes de febrero sobre el origen de la avalancha de papel que viene inundando los mercados financieros desde hace meses. Dos han sido las teorías más extendidas: fondos soberanos de países productores de petróleo y la apertura de grandes posiciones cortas por parte de inversores bajistas.

Los fondos soberanos

La posibilidad de que para paliar el descenso de ingresos provenientes de la venta de crudo, algunos países hayan optado por liquidar inversiones financieras en mercados desarrollados es más que plausible, y puede seguir suponiendo una notable presión vendedora a corto plazo, al menos hasta que el precio del petróleo y resto de materias primas se estabilice, y los países productores puedan acomodar sus finanzas públicas al nuevo entorno. Durante los años pasados, este tipo de inversores han acumulado ingentes cantidades de activos financieros y cualquier descenso porcentual en el volumen de sus carteras de bonos o acciones, por pequeño que sea, se traduce en muchos miles de millones de euros que no encuentran contrapartida salvo presionando duramente a la baja las cotizaciones.

Los inversores bajistas

El caso de los inversores bajistas es un tema aparte. Es cierto que haberlos, haylos, y que últimamente están en boca de todos, pero achacarles todos nuestros males es simplificar demasiado las cosas. Al fin y al cabo, quien manda en los mercados a medio plazo es el beneficio por acción, y por mucho que nos empeñemos en que la cotización de una acción tiene que subir o bajar, al final el precio se ajustará a los beneficios (¿o ya nos hemos olvidado de Terra?). Si los beneficios futuros no descienden al ritmo que ahora descuentan los mercados, tengamos por seguro que las cotizaciones recuperarán desde los niveles actuales.

El corto plazo es otro cantar. La capacidad de este tipo de inversores de influir en el sentimiento general de los mercados sí que es un tema a considerar. Queramos o no, los mercados están formados por multitud actores, grandes y pequeños, que tienden a moverse de forma gregaria, como esas manadas de grandes herbívoros que de repente echan a correr al unísono para pararse poco después. Y claro, los comentarios negativos, las predicciones catastrofistas, y demás parafernalia bajista, acaban calando en el ánimo del más curtido de los inversores, provocando movimientos de pánico como los vividos en la primera quincena del pasado mes.

Es caer el mercado y aparecer de nuevo referencias al crack del 2012, del 2008, del 2002, de 1998, de 1987, de 1929 y hasta el de los tulipanes allá por el siglo XVII. Incluso he visto artículos en donde se daba por finiquitada en abril de 2015 la tendencia alcista iniciada ¡un siglo atrás! Y tiene que pasar justo ahora, ¿no puede esperar unas décadas y dejarnos vivir un poco tranquilos?

Incluso, como en una anécdota que recientemente me comentaron, hay quien se define como bajista “de toda la vida”. Sin comentarios. Uno es aficionado de toda la vida al fútbol, a la pesca o a construir puentes con palillos, pero no se puede ir por la vida deseando el fin del mundo financiero y a la vez preguntarte por qué en Navidad tienes menos vistas que el Sr Scrooge.

Adecuar los riesgos

Es cierto que el panorama económico se presenta incierto, como siempre, y que la volatilidad ha vuelto para quedarse una temporada con nosotros, pero eso no significa que debamos salir corriendo y deshacer nuestras inversiones de manera precipitada. Solo una inadecuada asignación previa de riesgos ha podido llevarnos a tomar una decisión tan drástica.

Se deberá, eso sí, analizar el comportamiento de cada activo y ver si se ha comportado como cabía esperar en un entorno de mercado como el que hemos vivido y, en su caso, buscar alternativas, pero no realizar drásticos cambios en los perfiles de riesgo, movidos más por lo ya sucedido en los mercados que por una clara visión de los que está por venir.

Para acabar, una referencia al título de este comentario, basado en la novela en la que se inspiró la película Blade Runner. Parafraseando al replicante Roy Batty, en los últimos 20 años hemos visto cosas que un bajista nunca creería, y sus agoreras predicciones siempre han desaparecido…evidentemente...como lágrimas en la lluvia.

¿Por qué tiene que ser ahora diferente?. La prudencia es buena compañera de viaje, el miedo, en cambio, un lastre.

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