11.11.16

El T-Bond sigue siendo el rey

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En los últimos días los medios de comunicación se han llenado de análisis intentando explicar la inesperada reacción de los mercados financieros a la no menos sorprendente victoria de Donald Trump.

A modo de resumen, se esperaba un fuerte retroceso en la renta variable, una subida de los activos refugio (oro y deuda de alta calidad), una considerable depreciación del dólar, y una ralentización en el proceso de subida de tipos por parte de la Reserva Federal americana.

Lo sucedido en realidad también es de sobra conocido: los mercados subieron el miércoles tras el retroceso inicial, el oro subió y bajó al compás de la recuperación de la renta variable, y los tipos de interés a largo plazo cayeron con fuerza en la madrugada del miércoles para literalmente “volar” a partir de entonces. El dólar, como siempre, impredecible, de nuevo a 1.09, como si nada hubiera pasado.

Todos estos movimientos se han achacado a la incertidumbre generada por la victoria de un candidato tan “especial” como Trump, pero si nos fijamos en la relación entre los distintos activos, vemos o que algo falla o bien que estamos ante un análisis demasiado simplista.

El miedo o la incertidumbre no suelen provocar precisamente movimientos como los anteriormente descritos, salvo que el miedo se haya convertido de la noche a la mañana en posibilidad de que las nuevas políticas de la administración USA acaben teniendo éxito o, al menos, provoquen efectos sustanciales en algunas variables macroeconómicas que teníamos olvidadas.

Y entre ellas, en mi opinión, destaca una: la INFLACIÓN.

¿Inflación? ¿No venía una japonización a nivel mundial? ¿Y la deflación?

Efectivamente, durante meses nos han asustado con el fantasma de la deflación, y con el pernicioso efecto que una expectativa bajista de los precios podría suponer para la economía. Sin embargo, desde hace unas semanas los datos apuntan a que otro escenario podría estar abriéndose paso.

El precio del crudo, en comparativa interanual, va a dejar de aportar presión a la baja sobre los precios, el IPC en Alemania alcanza su nivel más alto en dos años, en España los precios comienzan a crecer, impulsados por el inmobiliario… Y ahora con Trump y sus programas de gastos en infraestructuras y estímulo fiscal, los salarios podrían comenzar a subir, dado el bajo nivel de desempleo actual.

Precisamente en EEUU, el descontento no procede de altas cifras de paro (bien quisiéramos por estos lares una tasa de desempleo del 4,7%), sino de empleados con salarios congelados durante años, con la consiguiente pérdida de poder adquisitivo.

Y si los salarios suben, la inflación sube, y el siguiente paso es
la subida de tipos de interés. Un proceso que comenzará en diciembre, en la reunión de la Reserva Federal, ya han dicho que el resultado electoral no ha cambiado sus estimaciones, y que podría ser más acelerado de lo que el mercado había supuesto.

¿Y Europa?

Evidentemente el ciclo en el Viejo Continente es diferente, pero los recientes datos podrían llevar al BCE a no prorrogar su programa de compra de bonos (el famoso Tappering a la europea), y dejar definitivamente atrás los tipos negativos.

Por si acaso, el mercado se ha puesto la venda antes de que llegue la herida, y los tipos de los bonos a largo plazo en los mercados secundarios han subido con inusitada fuerza. Pocas veces, quizás en primavera de 2013, hemos visto una pendiente tan vertical en los gráficos.

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Tipos de interés a largo plazo. Evolución de la última semana

Las consecuencias han sido dramáticas para los tenedores de bonos a largo plazo, acostumbrados a tiempos de vino y rosas, y que ahora ven las orejas al lobo de las alzas de tipos de interés.

Creo que se trata de una reacción demasiado brusca de los mercados de deuda, anticipando aceleradamente una posible normalización al alza del entorno de tipos de interés. Lo normal sería ver pausas y correcciones a las fuertes subidas de estos días, pero conviene vigilar muy de cerca todo lo relacionado con duraciones largas, bonos high yield, o empresas muy apalancadas.

Porque como dijo una vez un famoso gestor de deuda, el T-Bond, el bono americano a 10 años, es el rey, y al rey quien le mueve es la inflación, no Trump.

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